No todo está perdido: todavía quedan los que sienten en un mundo que dejó de hacerlo

No todo está perdido: todavía quedan los que sienten en un mundo que dejó de hacerlo

No todo está perdido.

Aunque el mundo parezca inclinarse hacia su propia destrucción, aunque la historia se repita con una obstinación casi trágica, no todo está perdido.

Las guerras siguen existiendo, sí. Cambian de nombre, de territorio, de discurso… pero no de esencia. El ser humano todavía encuentra formas de romper lo que debería cuidar. Todavía convierte la diferencia en amenaza, y el poder en excusa para arrasar.

El egoísmo también creció. Se volvió más sutil, más elegante. Ya no siempre se muestra como desprecio directo, sino como indiferencia. Como una incapacidad cada vez más normalizada de sentir al otro. Como si cada uno habitara su propio mundo cerrado, sin puentes, sin preguntas.

La egolatría, por su parte, encontró su escenario perfecto. Un mundo que premia la apariencia, que mide el valor en exposición, que confunde ser visto con ser alguien. Donde la validación externa se volvió una necesidad constante, casi vital, como si el silencio interior fuera insoportable.

Y el consumo… el consumo nunca descansa. Nos promete llenar vacíos que no entiende. Nos distrae, nos ocupa, nos anestesia. Nos hace creer que siempre falta algo más, cuando en realidad lo que falta no se compra.

Pero incluso en medio de todo eso… no todo está perdido.
Porque todavía existen esos a los que muchos llaman “locos”.

Los que sienten demasiado en un mundo que prefiere no sentir.
Los que se detienen cuando todos corren.
Los que ayudan sin que nadie los vea.
Los que escriben, crean, piensan, cuestionan… aunque nadie se los pida.
Los que no encajan, no porque estén rotos, sino porque se niegan a adaptarse a una lógica que no les parece justa.

Son pocos, quizás. O tal vez no tantos como creemos.
Pero están.
Y no buscan aplausos.
Ni poder.
Ni reconocimiento.
Buscan algo más difícil:
que el mundo no se vuelva completamente inhabitable para el alma.

Son los que todavía creen en la palabra, en el encuentro, en la posibilidad de reparar lo que parece roto.

Los que sostienen pequeñas resistencias invisibles, cotidianas, casi imperceptibles.
Y es ahí, en esos gestos mínimos, donde todavía vive la esperanza.

No en los grandes discursos.
No en las promesas masivas.

Sino en esos actos silenciosos que no hacen ruido, pero hacen sentido.

Por eso… no todo está perdido.

Mientras exista alguien que elija no endurecerse,
mientras alguien siga preguntándose por el otro,
mientras haya quien resista la tentación de volverse indiferente…
todavía hay algo que no pudieron destruir.

Y con eso, alcanza.

Porque no era el mundo lo que estaba completamente roto…
era la forma en la que habíamos dejado de mirarlo.

Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

Si este texto te resonó, puede que quizá te guste leer:
«Las identidades que abandonamos»
«No es el mundo: es el filtro por el cual miras»

4 comentarios sobre “No todo está perdido: todavía quedan los que sienten en un mundo que dejó de hacerlo

Responder a amorentreestrellasCancelar respuesta