Lo que admirás, lo que deseás… y hasta lo que te incomoda de otros, muchas veces habla de partes tuyas que todavía no reconocés.
No te gusta alguien porque sí.
Ni te molesta alguien porque sí.
Hay algo en vos que responde
antes de que lo entiendas.
Una atracción que no sabés explicar.
Un rechazo que parece exagerado.
Una incomodidad que no encaja con la situación.
Y lo atribuís al otro.
A su forma de ser.
A lo que hace.
A lo que dice.
Pero, desde una mirada más profunda,
eso no empieza en el otro.
Empieza en vos.
Carl Jung hablaba de algo incómodo, pero revelador:
no vemos a las personas como son,
sino como somos nosotros.
Y en ese ver distorsionado,
proyectamos.
Proyectamos lo que nos falta,
lo que negamos,
lo que no pudimos desarrollar,
lo que no nos animamos a ser.
Por eso hay personas que te fascinan.
Porque encarnan algo que en vos
está dormido, reprimido o postergado.
Y por eso hay otras que te irritan.
Porque muestran, sin querer,
algo que te pertenece
y que preferirías no reconocer.
No es casualidad.
No es azar.
Es una forma en la que la psique intenta equilibrarse.
El inconsciente no habla con palabras.
Habla a través de vínculos,
de emociones intensas,
de encuentros que parecen “demasiado”.
Te pone frente a lo que necesitás ver.
Aunque no quieras.
Aunque incomode.
Aunque te desordene la imagen que tenías de vos mismo.
Y mientras sigas creyendo
que todo lo que te pasa con los demás
es por culpa de ellos…
vas a seguir perdiendo la oportunidad
de entenderte un poco más.
Y quizás la pregunta no es por qué alguien te afecta tanto…
sino qué parte tuya
está intentando mostrarse
a través de eso que sentís.
Si este texto te resonó, quizá también pueda interesarte:
– Hay partes tuyas que no sanaron… solo aprendieron a funcionar rotas
– No todo lo que callás es porque no sabés decirlo… a veces es porque sabés demasiado
– No estás cansado… estás saturado de cosas que no decís.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
