No todo lo que no decís…
es falta de palabras.
Hay silencios que no vienen de la duda,
ni de la confusión,
ni de no saber cómo explicarse.
Vienen de haber entendido demasiado.
De haber visto cosas que ya no podés “no ver”.
De haber sentido algo que cambió la forma
en la que percibís todo lo demás.
Y entonces callás.
No porque no tengas qué decir,
sino porque decirlo implicaría hacerlo real.
Ponerlo en palabras
es reconocerlo.
Y reconocerlo…
a veces duele más que sostenerlo en silencio.
Por eso lo guardás.
Lo postergás.
Lo disfrazás de “no sé”.
Pero en el fondo,
sí sabés.
Y ese saber…
es lo que incomoda.
Si esto te hizo sentido, leé esto también:
– No es que te cueste soltar… es que todavía esperás algo que ya no va a pasar
– No estás confundido… estás evitando aceptar algo que ya sabés
– No todo lo que te duele se puede decir
Y tal vez la pregunta no es por qué no hablás…
sino qué pasaría si dijeras en voz alta
eso que venís evitando reconocer.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

A veces no es que no sepamos qué decir…
es que decirlo cambia cosas que todavía no estamos listos para mover.
No todo lo que no decís…
es falta de palabras.