Hay cosas que no se van cuando las evitás…
solo aprenden a doler distinto.

No era ansiedad.
Era todo eso que no estabas mirando…
pero tu cuerpo ya no podía seguir sosteniendo.
No era ansiedad.
O al menos no en el sentido en que te lo repetiste tantas veces,
como si nombrarlo alcanzara para entenderlo.
No era un error.
No era una falla.
No era algo que había que apagar.
Era otra cosa.
Era el ruido de fondo de todo lo que fuiste dejando pendiente.
Las palabras que no dijiste.
Las decisiones que postergaste.
Las verdades que intuiste… pero elegiste no sostener.
Porque hay cosas que no desaparecen cuando las evitás.
Solo cambian de forma.
Se vuelven tensión.
Se vuelven insomnio.
Se vuelven pensamiento constante.
Se vuelven esa incomodidad sorda que no sabés explicar
pero que no te deja en paz.
No todo lo que sentís es el problema…
a veces es el síntoma.
Y lo que llamaste ansiedad
tal vez era la acumulación de todo eso
que nunca tuvo un lugar.
Lo que no enfrentás… se repite.
Pero no igual.
Más fuerte.
Más insistente.
Más difícil de ignorar.
Porque el cuerpo no olvida lo que la mente decide no mirar.
Y entonces aparece.
Sin permiso.
Sin orden.
Sin explicación clara.
Te invade.
Pero no para destruirte.
Para mostrarte.
Para señalar, una vez más,
eso que venís esquivando desde hace tiempo.
Evitar sentir también es una forma de sentir…
pero más silenciosa, más constante, más pesada.
Es vivir con algo adentro
que no termina de decirse.
Y eso desgasta.
Más que cualquier emoción atravesada a tiempo.
Tal vez no estabas ansioso.
Tal vez estabas lleno.
Lleno de pensamientos no pensados hasta el final.
Lleno de decisiones no tomadas.
Lleno de versiones tuyas que seguían ocupando espacio
aunque ya no te representaban.
Y hay un punto en el que eso se acumula tanto…
que el cuerpo deja de sostenerlo en silencio.
Y habla.
No con palabras.
Con sensación.
Con urgencia.
Con incomodidad.
No para que lo calles.
Para que lo escuches.
Y tal vez no estás roto.
Tal vez estás empezando a sentir
todo lo que durante mucho tiempo
te acostumbraste a evitar.
Lo que no enfrentás… no desaparece.
solo encuentra otra forma de quedarse.
Si este texto te resonó, seguramente te interese:
– «El deasgaste silencioso de no coincidir con vos»
– «Te cansaste de entender todo… y nadie a vos»
– «No es que te cueste avanzar… es que hay una parte tuya que todavía no querés soltar«
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
