No estás cansado.
Estás agotado de sostener una versión tuya que ya no te representa.
No es el día lo que te agota.
No es el trabajo, ni las horas, ni siquiera el ritmo que llevás.
Es algo más sutil.
Más silencioso.
Más difícil de señalar.
Es el desgaste de sostener, casi sin darte cuenta, una versión de vos que no termina de coincidir con lo que sos.
Porque hay un tipo de cansancio que no viene del hacer…
sino del sostener.
Sostener una forma de hablar que no es del todo tuya.
Una manera de reaccionar que aprendiste.
Un tono, una actitud, una presencia que fuiste ajustando con el tiempo
para encajar mejor, para no incomodar, para no quedar afuera.
Y al principio no pesa.
Es leve.
Casi imperceptible.
Una pequeña adaptación, un gesto mínimo, una corrección sutil que hacés sin pensar.
Pero con los días…
con los años…
eso se acumula.
Y empieza a sentirse.
En esa incomodidad que no sabés explicar.
En esa sensación de no poder relajarte del todo.
En esa forma de estar con otros donde siempre hay algo de vos que queda retenido, contenido, a medio aparecer.
Como si tuvieras que administrarte.
Medirte.
Regularte.
Ajustarte constantemente para no desentonar.
Y entonces sí, te cansás.
Pero no del día.
Te cansás de no poder soltarte por completo.
De no poder decir exactamente lo que pensás.
De no poder ser sin calcular.
Porque hay una parte tuya, la más honesta, la más espontánea, la más viva,
que quedó en pausa en algún momento.
No porque desapareció.
Sino porque aprendiste a dejarla al margen.
Para que te quieran.
Para que te acepten.
Para no incomodar.
Para no arriesgar.
Y en ese intento de sostener una imagen que funcione,
fuiste cediendo pequeñas partes de vos.
Hasta que un día…
sin que haya pasado nada extraordinario,
te descubrís agotado.
No por lo que hacés,
sino por lo que dejás de ser cada vez que estás con otros.
Porque hay algo que no se puede sostener indefinidamente:
habitar una vida donde no estás del todo presente.
Y ese es el verdadero cansancio.
El que no se resuelve durmiendo más,
ni descansando,
ni desconectándote un rato.
El que aparece cuando empezás a notar
que llevás demasiado tiempo siendo alguien que no te representa del todo.
Y quizás no se trate de romper todo,
ni de cambiar de un día para el otro,
ni de volverte alguien completamente distinto.
Quizás se trate de algo más simple…
y al mismo tiempo más difícil:
dejar de traicionarte en pequeñas cosas.
De empezar a acercarte, aunque sea de a poco,
a esa versión tuya que no necesita sostener nada para existir.
A veces no estás cansado…
estás cansado de no poder ser.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
Si esto te resonó, seguí leyendo:
– «No es que estés confundido… es que ya no podés sostener la mentira»

A veces no es el otro… es lo que no estamos viendo en nosotros.
Powerful and worthwhile words and thoughts. I believe. All of us fall down and we need something to awake our spirit again. I, living in Big Sur for one year.
Absolutely. I think it’s something we should all work on every day. Learning to listen to ourselves. To feel. Sending you a big hug and thanks for your comment!