No todo lo que pesa viene de lo que te pasa…
a veces viene de todo lo que sos al mismo tiempo.

Hay días en los que existir pesa.
No por lo que ocurre,
ni por lo que falta,
ni siquiera por algo que puedas señalar con claridad.
Pesa de otra manera.
Más silenciosa.
Más constante.
Más difícil de explicar.
Como si todo lo que fuiste,
todo lo que pensaste,
todo lo que sentiste alguna vez…
no se hubiera ido del todo.
Como si siguiera ahí,
ocupando espacio,
haciendo presión desde algún lugar que no terminás de ubicar.
Porque la memoria no es solo recuerdo.
Es presencia.
Una forma en la que el pasado
sigue existiendo dentro tuyo,
aunque afuera ya no esté.
Se filtra en lo que pensás,
en lo que evitás,
en lo que no podés terminar de soltar.
Y en días como este,
todo eso se siente más cerca.
Más denso.
Más real.
Y entonces aparece esa incomodidad.
No es tristeza.
No es angustia directa.
Es otra cosa.
Es la sensación de estar demasiado lleno…
de todo lo que nunca terminó de irse.
Y en ese estado,
incluso la calma incomoda.
Porque no hay vacío.
Hay acumulación.
Hay historia.
Hay versiones tuyas que siguen conviviendo.
Hay decisiones, recuerdos, caminos…
todos coexistiendo al mismo tiempo.
Y sostener eso cansa.
No porque esté mal.
Sino porque es demasiado.
Demasiado para ordenar.
Demasiado para entender.
Demasiado para acomodar en un solo presente.
Y ahí entendés algo.
Que no siempre pesa la vida.
A veces pesa todo lo que sigue viviendo en vos.
Hay días en los que no falta nada…
pero igual pesa estar vivo.
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Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
