Hay un agotamiento que no viene de lo que hacés…
viene de sostener una versión tuya que no siempre es real.

Hay un cansancio que no se explica fácil.
No viene del esfuerzo visible,
ni de lo que hacés durante el día,
ni siquiera de lo que te exige el mundo en su forma más concreta.
Viene de otra parte.
Más silenciosa.
Más constante.
Más difícil de reconocer.
Viene de tener que estar bien.
De sostener, casi sin darte cuenta,
una forma de estar en la que todo parece en orden,
en la que todo parece bajo control,
en la que lo que te pasa no termina de desbordar.
Porque hay una expectativa que se instala sin ruido.
No siempre viene de afuera.
A veces la construís vos.
La de no caer demasiado.
La de no mostrar más de la cuenta.
La de poder con todo, incluso cuando no podés.
Y eso se vuelve una forma de funcionamiento.
Una manera de habitarte.
Donde lo que sentís
no siempre se dice,
no siempre se muestra,
no siempre se atraviesa del todo.
Se administra.
Se acomoda.
Se filtra.
Se reduce a algo más tolerable.
Y en ese proceso,
algo se pierde.
No de golpe.
No de manera evidente.
Se va diluyendo.
En la forma en la que dejás de registrar lo que te pasa.
En la manera en la que minimizás lo que sentís.
En ese gesto casi automático de decir “estoy bien”
aunque no lo estés del todo.
Y sostener eso cansa.
No porque sea falso,
sino porque es incompleto.
Porque implica una tensión constante
entre lo que sos
y lo que mostrás.
Entre lo que te pasa
y lo que dejás ver.
Y esa distancia,
aunque parezca mínima,
se acumula.
Se vuelve peso.
Un peso que no siempre se traduce en tristeza,
ni en angustia clara.
A veces es solo eso:
una falta de aire,
una sensación de estar sosteniendo demasiado,
una incomodidad que no termina de nombrarse.
Porque no es que estés mal.
Pero tampoco estás del todo bien.
Y en ese punto intermedio,
en esa zona donde nada desborda pero nada termina de acomodarse,
aparece el desgaste.
El de tener que seguir funcionando
como si todo estuviera en su lugar.
El de no darte permiso para desordenarte un poco,
para no poder,
para no sostener.
Y entonces entendés algo.
Que no todo el cansancio viene de hacer.
Algunos vienen de sostener.
De mantener una forma,
una imagen,
una estabilidad que no siempre refleja lo que pasa adentro.
Y eso, aunque no se vea,
aunque no se diga,
aunque no se rompa…
pesa.
No siempre estás cansado de lo que hacés…
a veces estás cansado de tener que estar bien
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«Se administra» — ahí está todo. Esa palabra sola describe algo que uno tarda años en reconocerle el nombre. Lo leí despacio.
Totalmente. Muchisimas gracias por haber leido y por pasarte por el blog. Te mando un fuerte abrazo Santi!
You write beautifully, and the way you express points that we can all relate to, in such a unique way, is frankly soothing and calming. I think you’re much younger than me, but this is a well-observed discourse on how the events of life affect us. Thank you, dear psychologist, Love, nia
I’m very flattered by your words. I truly appreciate it. Writing has been with me since I was little; I’m 27 now. I hope we’ll continue reading each other’s posts here. Again, thanks for commenting, and a big hug from Argentina.
Thank you dear Psychologist, I guessed you are young because of your photograph but your words are impressive and well put into the words. Well observed. Really I love to keep following you. Life is based on psychology maybe I exaggerate.. Good Luck, Thank you for your nice words in this blog, it helps us, whoever needs. Love, nia