Prólogo – La vie en vers.
Mientras el corazón siga latiendo,
el cuerpo y el alma sigan juntos,
y la arena del reloj siga descendiendo,
entonces aun no será tarde para nada.
Todo terminará cuando uno mismo lo decida,
el agotamiento es como una pila que se carga cayendo.
Estando abajo, el Hombre que dio todo por perdido,
aprendió a tomar fuerzas,
y así colmó sus sueños que adelante en su paciencia
siempre lo esperaron.
He cultivado en mi lento y tardío tránsito,
que el corazón se detiene cuando se pierde el amor,
y el alma se desprende solo cuando se ha perdido la esperanza.
La mente es un domo que contiene figuras abstractas,
pero esta, está lejos de entender los misterios que oculta,
preciado, prodigiosos e intocables,
la vida.
Es ahí entonces y por eso, donde todo se detiene,
donde solo quedan los oídos que escuchan lejanas voces,
que alguna vez fueron cercanas,
más aún, tendidos en un suelo frío
se tornan ajenas.
Y el tiempo, indescifrable y autoritario,
como un cristal, golpea contra el suelo,
se derrumban las paredes de toda ilusión,
y se marca la muerte, como un cíclico que nos envuelve,
aproximando siempre, un nuevo nacer.
Septiembre 27, 2018.
Ramiro M. Castro.
