Que inocencia.
Cuanta inocencia la mía,
antes creía
que los cuentos
eran cuentos porque alguna vez habían pasado.
Antes me corría la Luna
y si yo quería
podía tapar el sol con mi dedo.
Los árboles del jardín eran inmensos,
el mundo cabía en mis manos
y salir de casa siempre era descubrir
algo nuevo.
El color del cielo,
la casa de mis abuelos,
mis ojos con su brillo aún latente.
Los abrazos de mama
y caminar en su compañía por la calle.
Hoy ya no hay nada que me sorprenda,
parece que me aprendí de memoria
los guiones de esta película
y podría recitarte el futuro sin leer los subtítulos.
Recuerdo qué antes golpearse dolía más,
aunque aún hay cosas que se sienten igual,
no hay nada que se compare a sentir como un niño.
Recuerdo, antes era más fácil animarse
a decir te quiero.
De grande hay cosas que nos cuestan
porque se ve que el tiempo
nos arrastra con él y en el mismo camino vamos aprendiendo nuevos miedos.
Que recuerdos,
que inocencia.
Todo se veía distinto,
hasta las palabras
sonaban con otros acentos,
antes no sabíamos de la existencia de las mentiras,
aquellas mismas que hoy se volvieron una parte cotidiana del día a día.
Que inocencia, y cuanta verdad
Antes las personas, por más malas que sean,
frente a mis ojos,
chiquitos y achinados,
eran buenas.
¿Será que el mundo habrá cambiado?
Dicen que el tiempo cambia las cosas,
pero más creo que el tiempo a medida que avanza
degrada a las personas.
Que inocencia.
Antes creía que los cuentos
eran cuentos
porque alguna vez habían pasado.
No me atrevía a descubrir
que eran un invento
de alguien que estaba aburrido,
y se animaba a contar historias
haciéndole creer al resto,
que existía
un mundo repleto de utopías,
donde sus más profundas fantasías
podían
volverse realidad.
Apenas hoy descubro esa palabra
que antes creía que existía,
como lo son todas las mentiras,
que en la mente de alguien
alguna vez
fueron reales.Que inocencia,
que inocencia la mía, querida.
Creer en las estrellas,
en los abrazos,
en tus caricias,
en un cuento donde una palabra
podía transformar vidas
y que el mundo estaba roto
pero siempre había
un final feliz.
Si, que inocencia.
Y que triste que cuando somos niños
anhelamos ser grandes
porque creemos que crecer
debe ser
de lo mejor,
sin saber
que hacerse grande
es una forma de lentamente apagarse,
y como si fuese una ironía
de algún inconformista tarado,
anhelar el pasado
que alguna vez fue mejor.
Si, como los cuentos,
que ya sabes,
solo son cuentos
porque alguna vez pasaron.

Me encanta la música, es muy relajante y en compañía con la letra lo vuelven un placer. Saludos 😀
Muchas gracias! Un fuerte abrazo