Hay tantos pasillos que me cuesta decidir
cual camino tomar,
se ve que a veces asusta pifiar
y caer en el error, de tener
que volver a empezar.
A nadie le gusta perder
¿O sí?
En ocasiones esta bueno
empezar de cero,
comenzar con el pie izquierdo,
olvidarse de todo,
tirarse de la cama como si no hubiera un mañana,
e intentar barrer los miedos,
aunque sea abajo de la alfombra.
Los ocultamos por un ratito;
¿Qué te parece?
Para olvidarnos
de todas las cosas
y mirarnos en el espejo con otras formas,
no solo las caras
que se ven al despertar
y nos repiten en su reflejo
que no valemos nada,
entre tantas otras palabras
que solo duelen porque nosotros
le damos la importancia.
En ocasiones,
hay voces
que duelen,
y prefiero mostrarme sincero y débil,
que mentirme
diciendo que soy fuerte.
Hay murmullos
que no mueren con el tiempo,
que perduran,
y sólo el filo de la memoria
y la consciencia
tienen el poder de extinguir.
Ya no me quiero olvidar quien soy,
toda esta sensibilidad
que tanto me describe,
se asemeja a la inocencia de los niños,
que descubren
un mundo nuevo
todos los días.
Quiero hacerme amigo
de los relojes,
ser sincero antes de irme,
que quien se vaya no me olvide,
que si me muero,
quiero vivir en los párrafos
y que si puedo,
mi recuerdo
se dibuje
en las paredes
con lápices de colores.
Pero para eso,
al menos por esta vez,
debo decidir con firmeza que al mundo,
como si fuera un viejo televisor
aturdido por el estrepito
de una mala señal;
ponerlo en silencio.
Que si hablo despierto a los pájaros,
y son ellos
quienes llevan el mensaje
de que aunque lo quiera negar,
el sentir hoy me tocó la puerta
como las campanas de un juicio,
y las cosas me pesan
más de la cuenta,
como si llevara el dolor de todos
en este mundo,
sobre mis pequeños
y doloridos
hombros…
que ya cansados por la continuidad,
anhelan
de alguna manera
encontrar calma.
Como la utopía
de una película,
que aunque sabemos que todo es mentira,
lloramos,
porque somos Humanos,
y aunque parezca en esta guerra que no,
si,
tenemos empatía,
y a todos a su forma
nos cuesta la adversidad
del día a día,
mirándonos en el espejo
cada mañana,
para repetirnos
que esta vez,
deberíamos ser mejores
Ramiro M. Castro
