Los gritos que no llegan a ningún lugar

Hay gritos que nadie oye,
gritos que no nacen de la garganta,
sino de adentro,
donde el corazón mastica despacio
la ansiedad de existir.

Gritos ahogados,
perdidos en la velocidad que todo lo arrasa,
en este mundo que corre sin mirar atrás,
que no se detiene, ni pone pausa.

que no pregunta si duele,
que no espera a los rezagados,

Al paso lento, a lo reflexivo.

Y yo,
un simple pasajero del tiempo,
habito este espacio prestado,
donde los días me arrastran como un río desbordado
y las noches me devuelven la certeza
de que el olvido también sabe abrir puertas.

Pero…
¿qué hay detrás de esa puerta?
¿Dónde quedan los restos de los recuerdos barridos?
¿Dónde duerme el polvo que alguna vez fue memoria?

A veces pienso que somos eso:
polvo errante,
vagando por un mundo que no recuerda nada,
condenados a repetir las mismas preguntas
sin encontrar respuestas.

Condenado al sentido, amigo mio, qué es eso.

Somos apenas un instante
en la larga eternidad,
caminando como necios,
soberbios y amargados,
con la mirada fija en nuestro propio ombligo,
convencidos de que todo gira a nuestro alrededor, ¿o no?. Hagamos un paréntesis reflexivo.

¿Será así? ¿O es el eco del mundo que retumba en lo profundo de nuestro pecho?

Y mientras tanto,
la vida sigue, corre, se consume,
indiferente,
insistente,
sin pausa ni remedio

Todo sigue.

Incluso nosotros,
aunque no sepamos bien hacia dónde vamos,

caminamos con la esperanza

de encontrar la puerta al destino,

que creemos, alguna vez nos estuvo esperando.

Ramiro M. Castro

#AmorEntreEstrellas

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