El amor propio no se aprende de golpe, no aparece un día como una revelación súbita. Es más bien un trabajo silencioso, un movimiento lento, casi imperceptible, que comienza en los lugares donde solemos ignorarnos.
Amarse es un acto profundamente psicológico, pero también filosófico: implica un cuestionamiento de las creencias que nos construyeron y, al mismo tiempo, la valentía de mirarnos como realmente somos, no como quisiéramos ser.
Hay quienes creen que el amor propio es sinónimo de autoestima alta o de repetirse frases motivadoras frente al espejo. Pero el amor propio es mucho más exigente que eso. No siempre es amable; muchas veces es incómodo. Es una práctica constante de honestidad brutal con uno mismo: reconocer en qué momentos nos traicionamos, a quiénes entregamos nuestra energía sin reciprocidad, cuántas veces callamos lo que sentimos para no incomodar.
Desde la psicología, podríamos decir que el amor propio es la capacidad de sostener la unidad del yo sin desdibujarse en el deseo del otro. Freud hablaba del “yo” como mediador entre nuestras pulsiones y el mundo externo, pero ¿qué pasa cuando ese mediador se vuelve servil, complaciente, cuando deja de existir para sí mismo y vive solo para ser aprobado? Ahí es donde nace la herida: cuando dejamos de ser sujetos y nos convertimos en objetos del deseo ajeno.
Amarse, entonces, es rescatar al yo de esa servidumbre invisible.
La rebelión silenciosa
El amor propio es una forma de rebeldía. Rebelarse no contra el mundo, sino contra la versión de nosotros mismos que aprendió a mendigar afecto.
Rebelarse es dejar de justificar las migajas emocionales que nos ofrecen; es decir “no” a lo que nos hiere, aunque nos tiemblen las manos; es priorizar la paz antes que el aplauso, aunque eso implique decepcionar a otros.
Pero esta rebeldía no es agresiva. No es un grito, es un movimiento hacia adentro: aprender a retirarse de lo que no nos sostiene y a quedarnos donde hay reciprocidad.
Y ese es uno de los mayores desafíos: no solo alejarnos de lo que nos daña, sino también aceptar que merecemos algo mejor. Porque el amor propio no se limita a evitar el daño; también implica abrirse a recibir amor, a permitir que algo bueno nos pase sin sentir culpa.
El encuentro con las sombras
Hay una idea equivocada: que amarse es aceptarse tal cual somos, como si eso fuera un gesto simple y casi automático.
Pero aceptarse no es fácil, porque implica enfrentar las sombras. Es un trabajo psicológico profundo: reconocer la envidia, el enojo, el resentimiento, la necesidad de control… todo lo que escondemos incluso de nosotros mismos.
Lacan decía que “la verdad solo puede decirse a medias”, y en el amor propio esa frase cobra sentido: nunca podremos amarnos completamente si seguimos mintiéndonos, si seguimos mirando hacia otro lado cada vez que nuestras heridas aparecen.
Amarse es también perdonarse. No con frases suaves ni con excusas, sino con comprensión real: entender que hicimos lo que pudimos con lo que teníamos, que no fuimos perfectos, y que aun así merecemos una oportunidad para tratarnos mejor.
Volver a casa
El amor propio es, en esencia, un regreso.
Un regreso a esa parte nuestra que dejamos abandonada cuando quisimos encajar, cuando aprendimos que el afecto se ganaba sacrificando lo que realmente éramos.
Volver a casa duele, porque al llegar encontramos ruinas: partes de nosotros que fueron silenciadas, deseos que dejamos morir, sueños que enterramos. Pero solo quien se atreve a caminar entre esos restos puede reconstruirse.
Amarse no es inflarse de ego ni creerse invencible; es aprender a sostenerse en el silencio, cuando nadie nos aplaude; es seguir eligiéndonos incluso cuando no somos nuestra mejor versión.
Es un trabajo diario, casi artesanal: perdonarse, escucharse, cuidarse.
Y, tal vez, lo más importante: el amor propio no es un acto individualista. Quien se ama de verdad no se vuelve narcisista; al contrario, quien logra amarse puede amar mejor, porque ya no necesita usar al otro como espejo, ni como salvación.
En definitiva, amarse es el acto más profundo de libertad: elegirse, una y otra vez, aunque el mundo espere otra versión de nosotros.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

Complimenti per le tue riflessioni. sulla difficoltà di amarsi che richiede un processo lungo ma alla fine diventa un atto rivoluzionario, non è egoismo, tutt’altro a volte si scopre che volersi bene è anche nella volontà di curarsi degli altri non come sacrificio ma come atto spontaneo.
Scusa alle tue riflessioni ho aggiunto le mie🌟
Grazie !!!
Esatto! Assolutamente. Bellissime parole, e grazie per il tuo commento. Un abbraccio forte dall’Argentina!
Un abbraccio a te da Roma, un mio amico è tornato da poco dall’Argentina sono due volte che la visita è innamorato del tuo paese🌹💖
Se vuoi venire, ho un divano a casa mia per dormire, ahah. Buenos Aires è una città meravigliosa. Un abbraccio!
Il mio amico è un fotografo molto bravo ho visto immagini bellissime 😊
Que interesante. Gracias por compartirlo. Me llamó mucho la atención «La Rebelión Silenciosa» y «Volver a casa».
Gracias por leer! Un abrazo