Me habito de a ratos – La vie en vers

Día LXXIV – Me habito de a ratos

No siempre soy de una sola pieza.
Hay días en que me habito entero,
como si cada rincón de mí estuviera iluminado.
Y hay otros en los que apenas soy un visitante en mi propia vida,
como si me observara desde afuera sin reconocerme.

Me busco en las palabras que escribo,
en los gestos pequeños,
en las risas que no siempre son sinceras.
A veces me encuentro,
a veces me pierdo.

Me pregunto cuántas versiones de mí existen,
cuántos rostros llevo puestos sin darme cuenta.
Pero aunque me escape de mí mismo,
siempre termino volviendo.
Porque, al final,
soy el único lugar donde puedo quedarme para siempre.

Quizás de eso se trate:
no de habitarse perfecto,
sino de volver,
una y otra vez,
incluso en los días en que no quiero estar conmigo.

Y entonces entiendo:
que habitarme es también aceptar mis huecos,
que no hay retorno sin extravío,
ni encuentro sin pérdida.

Aprendo a sostenerme en mis propias manos,
aunque tiemblen,
aunque a veces no me crean capaz de salvarme.

Sé que no siempre me voy a gustar,
pero sigo siendo mío.
Porque no hay mayor acto de amor
que elegir quedarse,
incluso cuando no hay garantías.

Y ahí, en ese regreso silencioso,
me convierto en mi casa.

Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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Un fuerte abrazo desde mi pequeño rincón, sentado en un escritorio cualquiera, en alguna parte recóndita del gran Buenos Aires

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