«Entre muros que hablan – Versión poema.
No siempre la vida avisa
antes de quebrarnos.
A veces el suelo cede
y caemos sin manos que nos sostengan,
hasta descubrir que el fondo
no es un final,
sino un espejo.
Allí, en la penumbra sin testigos,
me vi fragmentado,
más humano que nunca,
con las cicatrices abiertas
pidiendo un idioma que no tuviera palabras.
Aprendí que la fe
no siempre es un salto hacia la luz,
sino quedarse quieto en la oscuridad
con la certeza de que algo invisible
nos sostiene.
El dolor dejó de ser un enemigo
y se volvió un maestro
que no explicaba nada,
pero lo mostraba todo:
un vaso de agua ofrecido,
una manta acomodada,
una voz temblorosa contando su historia
sin pedir consuelo.
En el silencio,
descubrí que Dios no siempre grita.
A veces solo respira conmigo
y espera,
hasta que dejo de huir.
Y entonces entendí:
sanar no es volver a ser quien fui,
sino caminar distinto
con las mismas cicatrices,
como quien ya no teme a la caída
porque ha hecho del suelo
un lugar de regreso.
Hoy honro esa luz que no era mía,
ese hilo invisible que nos une
y que, al reconocerlo,
se convierte en sostén.
Porque reconciliarse
no es borrar el dolor,
sino darle la mano
y decirle:
“Gracias, porque sin vos
no sería quien soy.”

Precioso. Lograr reconciliarse así da esperanza
Que lindo. Gracias!