Vivir es seguir deseando – Parte #2
El deseo es más que un impulso; es la huella de una herida primordial. Desde el psicoanálisis se nos recuerda que nacemos marcados por una falta estructural: no es que algo nos falte por accidente, sino que nuestra propia constitución está atravesada por esa ausencia. La vida, desde una mirada más existencial, se trata de una falta inherente a ella. Un vacío capaz de absorber todo, el cual debemos bordear como si fueramos anillos de un planeta. Por eso el deseo no es un simple “querer tener”, sino la manifestación viva de esa grieta que nos hace buscar, intentar, repetir.
En el terreno de la fantasía, el deseo encuentra un aliado y un enemigo. La fantasía es el espacio donde ese objeto imposible adquiere forma, rostro, color; donde lo inaccesible se vuelve casi palpable. Allí inventamos escenas que nos alimentan y nos engañan al mismo tiempo, porque si bien nos acercan a lo deseado, también lo vuelven irrealizable. Freud lo llamó “satisfacción sustitutiva”, Lacan, siguiendo la línea de Freud, lo nombró como “escena fantasmática”. Pero, sea cual sea el nombre, en ese teatro interior nos sostenemos: necesitamos representar para poder seguir buscando.
Y así, el deseo se convierte en un puente entre lo que somos y lo que creemos que podríamos ser. Un puente que nunca se cruza del todo, porque al llegar a la mitad ya estamos construyendo el siguiente tramo. La paradoja es que no buscamos solo la llegada, sino el movimiento mismo: el deseo se alimenta de su propia insatisfacción. Si algún día se colmara por completo, dejaría de ser deseo y se convertiría en algo muerto.
En esa tensión habita nuestra condición humana: nunca plenos, siempre orientados hacia adelante, impulsados por una fuerza que no pedimos tener, pero que nos da forma. Y, aunque a veces esa fuerza nos conduzca a la frustración, es también la que nos salva de la inercia.
El deseo, entonces, no es un lujo del alma, ni un capricho del ego; es la respiración profunda de nuestra historia interna. Es la confesión silenciosa de que todavía creemos que hay algo más allá, algo que merece ser buscado aunque nunca lo alcancemos. En esa obstinación, en esa marcha interminable, tal vez radique la belleza más secreta de la vida.
«Oración del deseo»
No me quites el hambre,
porque en ella reconozco mi nombre.
No me entregues el final,
porque en el camino se escribe mi forma.
Déjame siempre un paso antes,
un puente a medio construir,
un horizonte que se aleja
cuando creo haber llegado.
Que mi falta no se cure,
que mi vacío no se llene,
que el eco de lo imposible
me siga llamando en la noche.
Porque mientras busque,
estaré vivo.
Y aunque nunca alcance
lo que mis manos dibujan en el aire,
mi corazón sabrá que su latido
es, en sí mismo,
el milagro que buscaba.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
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Hay sueños que nos hacen vivir! Pero hay que tener cuidado como los desarrollamos sin involucrar a otros sin su verdadero consentimiento….yo tengo ahora mis propios sueños, unos donde soy libre y estos me ayudan a vivir, afortunadamente en nuestra mente y corazón podemos ser libres si no le hacemos daño a nadie.
Que lindo comentario! Te abrazo fuerte
Ay gracias 😢😢😢❤️❤️❤️