No estás confundido: estás empezando a ver lo que antes evitabas (II)

No estás confundido: estás empezando a ver lo que antes evitabas.


Estás atravesando el momento exacto en el que ya no podés sostener lo que antes ignorabas.

Y eso desordena.

Desordena lo interno, desordena la vida, desordena los mundos.

Porque hay verdades que, una vez que se ven, no se pueden dejar de ver.

Empiezan como una incomodidad leve, casi imperceptible.
Una sensación rara, como si algo no encajara del todo.

Pero insistís.

Intentás seguir igual.
Convencerte de que no es para tanto.
Hay un momento, diifícil de ubicar en el tiempo, en el que algo empieza a desplazarse adentro tuyo.

No es un quiebre evidente.
No es una revelación luminosa ni un instante extraordinario.

Es más bien una fisura.

Una leve incomodidad que se instala en lo cotidiano, en lo que antes parecía estable, en aquello que sostenías casi sin preguntarte por qué.

Y de pronto, sin saber bien cómo, empezás a ver.

No con los ojos, sino con algo más íntimo, más incómodo.
Una forma de percepción que no embellece, que no suaviza, que no protege.

Porque ver, cuando es de verdad, no siempre alivia.
A veces desordena.

Lo que antes tolerabas empieza a pesarte con una densidad nueva.
Lo que justificabas casi automáticamente ahora se vuelve dudoso, frágil, insuficiente.
Y lo que durante tanto tiempo lograste ignorar… comienza a reclamar presencia.

No como un grito,
sino como una persistencia.

Como algo que ya no se deja apartar.

Entonces aparece esa sensación que muchos llaman confusión.

Pero no.

No es confusión.

La confusión implica no entender nada.
Perderse en la ausencia de sentido.

Y lo que te está pasando es exactamente lo contrario.

Estás empezando a entender demasiado.

Estás percibiendo capas que antes no veías.
Matices que antes no registrabas.
Verdades que, en otro momento de tu vida, no hubieras podido sostener.

Y eso, inevitablemente, incomoda.

Porque no se trata solo de ver el mundo distinto,
sino de verte distinto dentro de él.

Ahí es donde aparece el verdadero conflicto.

No en lo que descubrís,
sino en lo que ya no podés seguir siendo después de haberlo visto.

Porque hay una versión tuya que funcionaba dentro de ciertas dinámicas, de ciertos vínculos, de ciertas formas de vivir…
y esa versión empieza a desmoronarse en silencio.

No de golpe.
No con violencia.

Sino con esa lentitud precisa con la que cae todo lo que ya no puede sostenerse.

Y duele.

Duele porque no es solo soltar lo externo.
Es despedirte de una forma de ser que, hasta hace poco, era tu manera de habitar el mundo.

Pero no hay error en eso.

Hay proceso.

Porque si algo se está rompiendo, no es tu estabilidad.
Es la ilusión de que podías seguir sin ver.

Y aunque al principio se sienta como pérdida,
como desorientación,
como un terreno que deja de ser firme…

lo que está ocurriendo, en el fondo, es otra cosa.

Estás empezando a mirar sin esquivar.

Y eso, aunque incomode, aunque duela, aunque desordene,
es una de las formas más honestas de estar vivo.

…

Si llegaste hasta acá,
no estás perdido.

Estás empezando a ver.

Si esta parte te resonó, la primera parte está en el blog.
A veces entender lo que sentimos cambia todo.

🌹 Leelo completo en amorentreestrellas.com

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