
No estás desmotivado…
estás lejos de vos.
Hay un cansancio que no nace del desgaste,
sino de una forma más silenciosa de extravío.
No proviene de lo que hacés,
sino de la distancia que se fue abriendo, casi sin aviso,
entre lo que hacés
y lo que, en algún punto, dejaste de sentir.
Es imperceptible al principio.
No irrumpe.
No rompe nada de manera evidente.
Se instala.
Como una niebla fina que no impide ver,
pero vuelve todo ligeramente ajeno.
Y entonces seguís.
Sostenés conversaciones, cumplís rutinas, respondés lo necesario.
Desde afuera, nada parece fuera de lugar.
Pero hay algo, mínimo, persistente, que ya no coincide.
Una especie de desajuste íntimo.
Como si habitaras tu propia vida apenas corrido,
apenas desplazado,
lo suficiente como para no reconocerte del todo.
Y a eso lo llamás desmotivación.
Como si la vida fuese una llama que simplemente se apaga.
Como si bastara con “recuperar ganas” para que todo vuelva a encajar.
Pero no.
Hay algo más inquietante, y más honesto, que eso.
Porque no es que falte fuego.
Es que ya no estás donde arde.
Te corriste de vos.
No de golpe.
No por una decisión clara.
Sino en pequeñas concesiones, en silencios sostenidos,
en elecciones que parecían inofensivas
pero que, acumuladas, fueron trazando una distancia.
Y sin embargo, seguís.
Porque hay historia.
Porque hay compromisos.
Porque hay una versión de vos que aprendió a sostener incluso lo que ya no le pertenece.
Pero el cuerpo acusa.
En la fatiga sin causa.
En la dispersión que no se deja ordenar.
En esa sensación extraña de estar presente,
pero no del todo.
Y entonces nada alcanza.
No porque el mundo haya perdido sentido,
sino porque ya no coincide con el lugar desde el que lo estás viviendo.
Quizás no sea desmotivación lo que te atraviesa.
Quizás sea algo más incómodo, más lúcido:
la evidencia de que te alejaste de vos.
Y volver…
no es un acto heroico,
ni una decisión repentina que todo lo resuelve.
Es un gesto mínimo.
Casi imperceptible.
Un instante de honestidad donde dejás de responder
y, por primera vez en mucho tiempo,
te escuchás sin intervenir.
Ahí, en ese borde frágil,
algo empieza a reordenarse.
No todo.
Pero lo suficiente.
Lo suficiente como para recordar
que todavía existe un lugar
donde lo que hacés
y lo que sos
no están en conflicto.
Y tal vez no se trate de recuperar la motivación.
Tal vez se trate, simplemente,
de volver.
Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)
Si querés seguir profundizando en estos procesos, podés leer:
No estás confundido, estás empezando a ver lo que antes evitabas
El cansancio emocional: cuando sostener lo que ya no sentís empieza a agotarte
El peso del silencio: lo que no decís también te afecta
Y si te sentiste identificado, te leo en comentarios.
A veces ponerlo en palabras es el primer paso para entender lo que nos está pasando

«Δεν είναι ότι λείπει η φωτιά.
Είναι ότι δεν βρίσκεσαι πια εκεί που καίει.»
Αυτό είναι μια μεγάλη αλήθεια!!! 🙏🙌
Gracias! Un abrazo grande