
A veces no es frialdad… es cansancio emocional.
Hay un momento en el que dejás de reaccionar.
No porque no te importe.
No porque te hayas vuelto frío.
No porque todo te dé igual.
Sino porque te cansaste.
Te cansaste de sentir siempre lo mismo.
De pensar de más.
De esperar algo distinto.
De volver a caer en lugares que ya conocías.
Y entonces, sin darte cuenta, algo cambia.
No hacés escándalo.
No reclamás.
No insistís.
Simplemente… dejás de involucrarte como antes.
Desde afuera puede parecer indiferencia.
Distancia.
Incluso desinterés.
Pero no es eso.
Es agotamiento.
Es la consecuencia de haber sentido demasiado durante demasiado tiempo, sin que nada cambiara realmente.
Porque llega un punto en el que ya no duele igual.
Pero tampoco se siente bien.
Y eso confunde.
Porque no es alivio.
No es paz.
No es claridad.
Es otra cosa.
Es una especie de desconexión suave, silenciosa, casi imperceptible, que te protege… pero también te aleja.
Te protege de volver a pasar por lo mismo.
Pero al mismo tiempo te impide involucrarte de verdad.
Y ahí aparece la duda:
¿esto soy ahora?
¿o es solo una forma de defenderme?
Tal vez no te volviste frío.
Tal vez solo estás cansado de sostener emociones que no llevan a ningún lado.
Tal vez no dejaste de sentir.
Solo dejaste de insistir.
Porque hay una diferencia que casi nadie nota:
no es lo mismo no sentir…
que haber sentido tanto
que ya no sabés cómo seguir haciéndolo.
Tal vez esto no empezó hoy.
Tal vez viene de antes.
De versiones que fuiste dejando atrás sin darte cuenta.
Si querés profundizar en eso:
👉 Las identidades que abandonamos
👉 No es vacío: es todo lo que venís sosteniendo en silencio
👉 No es tristeza: es el peso de estar siendo quien ya no sos
Si este tipo de textos te ayuda a entender lo que estás viviendo, podés suscribirte al blog.
Cada nuevo texto te llega directo.

Un comentario sobre “No es que no te importe… es que estás cansado de sentir siempre lo mismo”