
Y en ese cruce aparece, a veces, la extraña sensación de existir.
Hay algo en el tiempo que nunca termina de comprenderse del todo.
No es solo una sucesión de horas,
ni una línea que avanza de forma ordenada.
El tiempo, en realidad, no se deja ver.
Se siente.
Se insinúa en los cambios,
en lo que ya no está,
en lo que todavía no llega,
en esa distancia silenciosa entre lo que fuimos y lo que estamos siendo.
Y sin embargo, vivimos como si pudiéramos sostenerlo.
Como si el presente fuera algo firme,
algo estable,
algo que se puede habitar sin que se deslice entre los dedos.
Pero no.
El presente no se queda.
Apenas aparece… ya se está yendo.
Y en ese movimiento constante, hay algo que nos inquieta.
Porque si el tiempo no se detiene,
entonces tampoco nosotros somos los mismos de un momento a otro.
Hay una versión de vos que existió hace apenas unas horas
y que ya no está.
Hay pensamientos que fueron ciertos
y que ahora resultan ajenos.
Hay emociones que parecían definitivas
y que se disolvieron sin dejar explicación.
Y entonces surge una pregunta que no siempre se dice en voz alta:
¿qué es exactamente lo que permanece?
La conciencia, tal vez.
Esa especie de testigo silencioso
que observa el paso de todo
sin poder detener nada.
La conciencia que registra,
que recuerda,
que intenta darle sentido a lo que ocurre.
Pero incluso ella cambia.
Se modifica con cada experiencia,
con cada pérdida,
con cada descubrimiento.
No hay un punto fijo.
No hay un “yo” completamente estable al que aferrarse.
Solo hay continuidad.
Una continuidad frágil,
hecha de memoria, de percepción y de interpretación.
Y en medio de todo eso, aparece algo extraño:
la sensación de existir.
No siempre está.
No es constante.
A veces la vida pasa sin que la registremos del todo.
Pero hay momentos, breves, intensos, difíciles de describir,
en los que algo se vuelve evidente.
Un instante cualquiera.
Un silencio.
Una mirada.
Una pausa en medio de lo cotidiano.
Y de pronto, sin aviso, aparece la conciencia de estar ahí.
De estar vivo.
De ser, aunque no sepamos exactamente qué significa eso.
Y ese instante, aunque dure apenas un segundo,
tiene algo de vértigo.
Porque en ese momento no hay distracciones.
No hay futuro al que escapar
ni pasado en el que refugiarse.
Solo hay presencia.
Y la presencia, cuando es real,
no siempre es cómoda.
Porque nos enfrenta con algo simple y a la vez inmenso:
estamos acá.
Sin garantías.
Sin explicaciones definitivas.
Sin una forma fija de ser.
Solo existiendo
en medio de un tiempo que no se detiene
y una conciencia que nunca termina de comprenderse del todo.
Tal vez existir no sea encontrar una respuesta.
Tal vez sea, apenas,
poder habitar por un instante
esa sensación extraña
de estar siendo
mientras todo cambia.
Si esto te resonó, este espacio es para vos.
Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)
Si esto te gustó, quizás también encuentres algo acá:

Creo que el solo hecho de existir implica movimiento. Por lo tanto, la vida pasa, el tiempo pasa y por supuesto, nosotros también
Totalmente! Lo único constante es el cambio dicen por ahí. Yo, en eso voy. Una nueva transformacion! La vida es metamorfosis. Te abrazo!