Y lo más difícil es no saber qué hacer con eso.
Hay días en los que nada está realmente mal.
No pasó nada grave.
No hay un problema claro.
No hay una razón concreta que explique lo que sentís.
Y sin embargo…
no estás bien.
No es tristeza del todo.
No es ansiedad exacta.
No es enojo.
Es algo más difuso.
Como si todo siguiera funcionando…
pero vos no terminaras de estar ahí.
Hacés lo que tenés que hacer.
Respondés, hablás, cumplís.
Desde afuera, todo parece normal.
Pero por dentro hay una especie de desconexión leve, constante.
Como si algo se hubiera corrido apenas…
lo suficiente como para que todo se sienta distinto.
Y eso desconcierta.
Porque cuando uno está mal, al menos sabe por qué.
Puede señalar una causa.
Puede entender lo que le pasa.
Pero cuando no hay una explicación clara,
lo que aparece es otra cosa:
duda.
Duda sobre lo que sentís.
Sobre si es real.
Sobre si deberías estar mejor de lo que estás.
Y en ese intento de entenderlo,
muchas veces terminás exigiéndote más.
Como si sentirte así fuera un error que hay que corregir rápido.
Pero tal vez no.
Tal vez no todo lo que sentís necesita una solución inmediata.
Tal vez hay momentos en los que no estás mal…
pero estás cambiando.
Y ese proceso no siempre se siente bien.
A veces se siente raro.
Inestable.
Difícil de explicar.
Pero no por eso es incorrecto.
Tal vez no tenés que apurarte a entenderlo todo.
Tal vez alcanza con reconocer que algo en vos
ya no es exactamente como antes.
Y aunque todavía no sepas qué es…
eso también es parte del camino.
Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)
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Hermosas palabras, gracias!!🙏
Un fuerte abrazo!