La grieta que nos divide

Una tensión silenciosa entre lo que sos… y lo que todavía no lográs integrar.

No todo lo que sos coincide entre sí.
Y en esa diferencia… empieza la grieta.

Hay una verdad silenciosa, casi secreta, que atraviesa cada instante de la existencia:
la vida no es una unidad, no es una línea limpia ni una forma cerrada.
Es, más bien, una fisura constante, una tensión íntima entre fuerzas que no terminan nunca de conciliarse.

Habitamos, sin advertirlo del todo, en un territorio intermedio.
Una especie de umbral donde lo que somos convive con aquello que apenas nos atrevemos a reconocer.
Porque hay en nosotros una versión visible, ordenada, pronunciable…
y otra, más difusa, más indócil, que se desliza en los márgenes de la conciencia.

Somos lo que decimos, pero también lo que evitamos decir.
Lo que sostenemos con palabras… y lo que se filtra en los silencios.
Lo que creemos ser cuando nos miramos de frente, y aquello que emerge cuando la mirada se cansa y se vuelve hacia adentro.

No hay una sola identidad, sino un vaivén.
Una oscilación persistente entre certezas que se desmoronan y dudas que, a veces, iluminan más que cualquier respuesta.

En la calma habita una inquietud leve, casi imperceptible, como un murmullo que anticipa lo efímero de todo equilibrio.
Y en medio del dolor, en cambio, se abre a veces una lucidez inesperada, una claridad áspera que revela lo que antes permanecía oculto.

Esa es la paradoja que nos constituye:
la luz no existe sin la sombra que la delimita,
y lo que intentamos negar suele ser, en secreto, lo que más nos define.

Queremos permanecer… pero algo en nosotros insiste en partir.
Buscamos comprender… pero tememos lo que esa comprensión pueda desvelar.
Anhelamos la serenidad… y, sin embargo, nos aferramos a aquello que nos inquieta, como si en esa incomodidad hubiera una forma extraña de pertenencia.

No somos una forma fija.
Somos una tensión.

Una coexistencia de opuestos que no buscan resolverse, sino sostenerse en un equilibrio frágil, inestable, profundamente humano.

Tal vez el error ha sido intentar elegir un lado.
Forzarnos a ser una sola versión, una sola verdad, una sola dirección.
Como si la complejidad pudiera reducirse sin perder, en ese gesto, su esencia.

Pero la vida, si se la observa sin defensas, no exige síntesis.
No pide coherencia absoluta.
Pide presencia.

Pide la capacidad de habitar la contradicción sin urgencia por corregirla.
De aceptar que podemos amar y, al mismo tiempo, dudar.
Que podemos sentirnos plenos… y aun así percibir un vacío que no se deja nombrar del todo.

Hay en cada uno de nosotros una conversación incesante entre lo que avanza y lo que se resiste, entre lo que se abre y lo que se repliega.
Y quizá crecer no consista en silenciar esa conversación…
sino en aprender a escucharla sin miedo.

Porque esa grieta, esa incomodidad persistente, ese leve desajuste que nunca termina de acomodarse…
no es una falla.

Es la forma más honesta, más cruda y más real que tiene la vida de manifestarse en nosotros.

No sos una contradicción que necesita resolverse…
sos un misterio que está aprendiendo a sostenerse.

Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)


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10 comentarios sobre “La grieta que nos divide

      1. Siii, es que por aquella época salieron mogollón de pelis buenas. Creo que trascendence es también de por ese tiempo, si mal no recuerdo, y es también buenísima

      2. Uff, de Matrix me las vi todas!! Aunque es de más tiempo atrás, porque me cogió a mí con veinte y pocos y recuerdo que salía yo con una gabardina negra igual jajajaja

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