Hay formas de perderse que no hacen ruido.
No implican una caída, ni un quiebre, ni un momento claro.
Son más sutiles.
Más silenciosas.
Y por eso, más difíciles de notar.
1. Decís que “estás bien”… sin preguntarte si realmente lo estás
No es mentira.
Pero tampoco es del todo verdad.
Es una respuesta automática que evita ir más profundo.
2. Te acostumbraste a no registrar lo que sentís
No es que no sientas…
es que dejaste de detenerte a mirar lo que pasa adentro.
3. Llenás el tiempo para no quedarte a solas con vos
Siempre hay algo para hacer, para ver, para distraerte.
Porque el silencio empieza a incomodar más de lo que debería.
4. Sostenés versiones de vos que ya no te representan
Seguís actuando como si fueras el mismo…
aunque algo en vos ya cambió.
5. Evitás decisiones que sabés que tendrías que tomar
No por falta de claridad,
sino porque elegir implicaría moverte.
6. Te adaptás demasiado fácil a lo que los demás esperan
Y en ese ajuste constante…
vas perdiendo registro de lo que querías vos.
7. Sentís que algo no encaja… pero seguís igual
Esa incomodidad leve, constante, difícil de explicar.
Esa sensación de estar “medio afuera” de tu propia vida
Hay pérdidas que no se notan en el momento.
No se sienten como una ruptura.
Se sienten como una distancia.
Y lo más difícil de esa distancia…
es que nadie más la ve.
Si algo de esto te resonó…
quizás no te estás perdiendo.
Quizás estás empezando a notarlo.
Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)
Si mi texto tocó alguna fibra de vos, quizá también te interese leer:
Las identidades que abandonamos
