Hay una versión tuya que ya no puede volver a ser quien eras

Hay cambios que no se ven… pero te dejan sin lugar donde volver.


Hay transformaciones que no hacen ruido.

No tienen un comienzo claro,
no se anuncian,
no irrumpen como una certeza repentina.

Se deslizan.

Como una incomodidad leve que se repite,
como una percepción que insiste,
como una sensación que vuelve incluso cuando intentás ignorarla.

Y al principio, la negás.

Porque es más fácil sostener lo conocido
que enfrentarte a la posibilidad de que algo en vos ya no encaje ahí.

Pero algo se desplaza.

No afuera.

Adentro.

En la forma en la que mirás,
en la manera en la que interpretás,
en lo que empezás a registrar incluso cuando no querés hacerlo.

Y entonces ocurre.

No de golpe,
sino en pequeños gestos invisibles.

Lo que antes tolerabas se vuelve incómodo.
Lo que antes justificabas empieza a resultarte forzado.
Lo que antes parecía suficiente… deja de alcanzarte.

Y no hay un motivo evidente.

No hay un hecho puntual que lo explique.

Solo hay una certeza difusa
de que ya no podés habitar las cosas de la misma manera.

Y eso desordena.

Porque no sabés bien en qué te estás convirtiendo…
pero sabés, con una claridad que incomoda,
que ya no sos quien eras.

Y en ese punto aparece algo más difícil todavía.

La imposibilidad de volver.

No porque no exista el camino,
sino porque ya no existe la inocencia.

Porque hay comprensiones que no se pueden deshacer.
Porque hay verdades que, una vez vistas,
no vuelven a ocultarse del todo.

Y entonces quedás ahí.

En ese espacio intermedio.

Sin la versión anterior que te daba estabilidad,
pero sin una nueva forma completamente definida.

Y eso pesa.

No como un dolor concreto,
sino como una especie de intemperie interna.

Como si algo en vos se hubiera abierto
y ya no pudiera cerrarse.

Pero también, aunque no lo parezca en ese momento,
hay algo profundamente verdadero en eso.

Porque no se trata de perderte.

Se trata de dejar de sostener lo que ya no sos.


Hay versiones tuyas que no vuelven…
no porque las hayas perdido,
sino porque ya no te representan.


Si te encontró, no fue casualidad:

– No ves la realidad… ves lo que tu inconsciente proyecta en ella

– Hay cosas que ya entendiste… y por eso ya no podés volver

– No todo lo que te duele es por lo que está pasando ahora


Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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