La verdad que evitás no se disuelve

Hay una zona en vos
que ya comprendió todo…
pero todavía no consiente en habitar esa certeza.


La verdad que evitás no se disuelve

No fue abrupto.

No hubo estruendo,
ni quiebre visible,
ni un instante preciso donde decir: “hasta aquí”.

Fue más sutil.
Más silencioso.
Más parecido a una retirada.

Como una luz que no se apaga,
pero se debilita.

Como un vínculo
que no se rompe,
pero se vacía.

Y vos lo advertiste.

En los matices.
En las pausas demasiado largas.
En las palabras que dejaron de llegar
y en las que, aun llegando, ya no decían nada.

En esa leve incomodidad persistente
que, por cansancio o por miedo,
decidiste nombrar como costumbre.

Porque era más fácil domesticar la inquietud
que reconocer la pérdida.

Porque hay verdades
que no irrumpen…
se insinúan.

Se deslizan
como una grieta imperceptible
que, con el tiempo,
termina por partirlo todo.

Y vos lo sabías.

Sabías que algo ya no respiraba igual.
Que lo que sostenías
había dejado de sostenerte.

Que había un desgaste mudo,
una erosión constante,
una fatiga del alma
que no se explica,
pero se siente.

Y aun así… te quedaste.

Te quedaste en lo tibio,
en lo conocido,
en esa ilusión de permanencia
que a veces no es más que
una forma elegante de negación.

Porque irse, aunque sea hacia uno mismo,
implica perder.

Implica atravesar ese vacío sin nombre
donde ya no está lo que era,
pero todavía no aparece lo que será.

Entonces dudaste.

Construiste hipótesis,
postergaste decisiones,
te narraste historias más amables
para no confrontar la intemperie.

Pero en el fondo…
en ese fondo que no admite ficción…

ya no estabas en paz.

Y la ausencia de paz
no se disimula.

Se filtra.

En los gestos,
en el cuerpo,
en la forma en que habitás el silencio.

Porque no es la incertidumbre lo que desgarra.

Es la lucidez.

Esa claridad incómoda
que no grita,
pero insiste.

Que no obliga,
pero permanece.

Que no desaparece…
aunque la ignores.


Hay verdades que no llegan para ser entendidas.
Llegan para desarmarte…
y obligarte a elegir distinto.

(Gracias por acompañarme en el proceso)


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Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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