
Hay partes tuyas que se quedaron en decisiones que nunca tomaste.
Hay una vida que no elegiste.
No porque no hayas tenido opciones,
ni porque alguien haya decidido por vos de manera explícita.
Sino porque, en algún punto,
elegir implicaba renunciar.
Y no estabas listo.
Entonces seguiste.
No hacia donde querías,
sino hacia donde podías.
Hacia lo más cercano,
lo más aceptable,
lo que no rompía demasiado el orden de las cosas.
Y esa decisión, o esa ausencia de decisión,
no desaparece.
Se queda.
No como un recuerdo claro,
no como una escena definida.
Se queda de otra manera.
Más sutil.
Más difusa.
Más persistente.
En forma de preguntas que no terminan de formularse.
De sensaciones que no sabés de dónde vienen.
De una incomodidad leve, constante,
que no alcanza a ser dolor…
pero tampoco te deja en paz.
Porque hay versiones tuyas
que no se vivieron.
Y lo que no se vive
no siempre se olvida.
A veces se desplaza.
Se filtra en lo que hacés.
En lo que elegís sin darte cuenta.
En lo que te atrae…
y también en lo que te incomoda.
Es esa vida posible
que no ocurrió,
pero que sigue existiendo como una sombra
al costado de lo que sí fue.
No para reprocharte.
No para acusarte.
Sino para recordarte
que hubo algo en vos
que en algún momento quiso otra cosa.
Y ese querer
no desaparece del todo.
Se transforma.
Se vuelve nostalgia sin objeto.
Se vuelve inquietud.
Se vuelve esa sensación extraña
de estar en un lugar correcto…
pero no del todo propio.
Y entonces aparece la duda.
No sobre lo que hiciste.
Sino sobre lo que no hiciste.
Sobre lo que dejaste pasar.
Sobre lo que no te animaste a elegir
cuando todavía era posible.
Y eso pesa distinto.
Porque no hay forma de volver.
No en el tiempo.
Pero sí en la conciencia.
Porque reconocer esa vida no elegida
no es quedarse atrapado en ella.
Es dejar de ignorarla.
Es darle un lugar.
Es aceptar que no todo lo que sos
responde a lo que quisiste ser…
pero sí puede responder
a lo que estás dispuesto a elegir ahora.
Hay vidas que no se viven…
pero no por eso dejan de existir en vos.
Si este texto te resonó, quizá tambien te interese:
No es que no puedas soltar… es que todavía estás esperando
Hay cosas que ya terminaste… pero todavía no te animás a cerrar
No te duele lo que pasó… te duele lo que entendiste después
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

Un comentario sobre “Hay una vida que no elegiste… y todavía te habita”