Hay cosas que ya terminaste… pero todavía no te animás a cerrar

No todo lo que sigue… está vivo.
A veces solo no lo cerraste.


Hay cosas que ya terminaron.

No de manera abrupta,
no con un cierre claro,
no con una escena final que te permita decir “hasta acá”.

Terminaron de otra forma.

Más silenciosa.
Más difusa.
Más difícil de aceptar.

Se fueron desgastando.

Perdiendo intensidad,
sentido,
presencia.

Hasta quedar en una especie de continuidad vacía,
donde todo parece seguir…
pero ya no está.

Y sin embargo, no lo cerrás.

No porque no lo veas.

Lo ves.

Lo intuís en los detalles mínimos,
en la falta de ganas,
en esa incomodidad leve que ya no podés ignorar del todo.

Pero lo dejás abierto.

Como si no nombrarlo
lo mantuviera vivo un poco más.

Como si no ponerle un final
evitara tener que atravesarlo.

Pero no.

Hay cosas que no siguen…
se estiran.

Se sostienen por inercia,
por costumbre,
por miedo a lo que aparece cuando ya no están.

Porque cerrar no es solo soltar.

Es aceptar.

Aceptar que eso que fue
ya no es.

Aceptar que no hay más que buscar ahí.

Aceptar que hay versiones tuyas
que ya no vuelven con eso.

Y eso duele.

Duele más que el final en sí.

Porque el final pone orden.

Lo que duele es tener que ser vos
quien lo nombre.

Quien lo haga real.

Quien deje de actuar como si todavía hubiera algo
cuando en el fondo ya sabés que no.

Por eso no cerrás.

No por falta de claridad.

Sino por exceso de verdad.

Porque cerrar implica dejar de sostener
la ilusión de que algo todavía podría ser.

Y cuando esa ilusión se va…
lo que queda es el vacío.

Pero también el espacio.


Hay cosas que no necesitás entender más…
necesitás animarte a cerrar.


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Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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