Hay cosas que no dejan de doler…
solo dejan de llamarte la atención.

Te acostumbraste.
Y eso, al principio,
no parecía algo grave.
Era una forma de adaptarte.
De no romper.
De seguir.
Porque cuando algo incomoda lo suficiente,
pero no lo suficiente como para irte…
uno aprende a quedarse.
A justificar.
A entender.
A bajar la intensidad de lo que siente
para que encaje mejor en lo que está viviendo.
Y así, sin darte cuenta,
lo que antes dolía
empieza a parecer normal.
No porque haya cambiado.
Sino porque dejaste de mirarlo con la misma honestidad.
Te acostumbraste a silencios que antes te pesaban.
A respuestas que no llegaban.
A formas de estar que ya no te hacían bien.
Te acostumbraste a sentir menos…
para sostener más.
Y eso tiene un costo.
Un costo que no se nota de golpe.
Que no aparece como un quiebre claro.
Se acumula.
En la forma en la que empezás a aceptar cosas que antes no aceptarías.
En la manera en la que te explicás lo que en el fondo sabés que no está bien.
En ese cansancio que no sabés de dónde viene…
pero que no se va.
Porque no todo lo que sostenés es liviano.
Hay cosas que pesan…
aunque ya no las registres como antes.
Y ahí está lo más difícil.
No es el dolor en sí.
Es haberlo integrado tanto
que dejaste de cuestionarlo.
Que lo volviste parte de tu rutina,
de tu forma de vincularte,
de tu manera de estar.
Y cuando algo se vuelve costumbre…
deja de parecer problema.
Aunque lo sea.
Aunque te esté desgastando en silencio.
Aunque haya una parte de vos
que lo sigue sintiendo,
aunque ya no lo nombre.
Porque hay cosas que no dejan de doler.
Solo dejan de sorprenderte.
Y en ese acostumbrarte…
te alejás un poco de vos.
No todo lo que dejaste de sentir…
es porque sanó.
A veces es porque te acostumbraste.
Si este texto te interesó, quizá también pueda gustarte:
Hay una vida que no elegiste… y todavía te habita
No estás desmotivado… estás cansado de sostener lo que no te hace bien
No es que no puedas soltar… es que todavía estás esperando
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

¿Qué es eso que hoy sentís como “normal”… pero en el fondo sabés que no te hace bien?