No todo lo que dejaste atrás… desapareció.
Hay cosas que siguen en vos, aunque ya no las vivas.
Hay partes de vos que no se fueron.
Eso es lo que cuesta entender.
Uno cree que el tiempo ordena,
que lo que queda atrás se disuelve,
que lo vivido pierde peso a medida que se aleja.
Pero no es tan simple.
Hay cosas que no se van.
Se transforman.
Cambian de forma,
de intensidad,
de lugar.
Pero siguen.
No como recuerdo exacto,
no como una escena nítida que puedas señalar con precisión.
Sino como una presencia más difusa,
más difícil de ubicar,
pero no por eso menos real.
Se quedan en la manera en la que reaccionás.
En lo que evitás sin darte cuenta.
En lo que te incomoda sin razón aparente.
En esa sensación leve de no estar del todo en eje,
aunque todo parezca en orden.
Porque no sos solo lo que elegís ser ahora.
También sos todo lo que fuiste,
incluso lo que creés haber dejado atrás.
Las versiones que abandonaste,
las decisiones que no tomaste,
los caminos que no seguiste…
no desaparecen.
Quedan.
No para interrumpirte,
no para frenarte,
sino como parte de esa complejidad silenciosa
que implica existir.
Y hay días, como hoy,
en los que todo eso se vuelve más evidente.
Más pesado.
Más presente.
Como si todo lo que alguna vez fuiste
coexistiera en vos al mismo tiempo.
Sin orden.
Sin jerarquía.
Sin una forma clara de acomodarse.
Y ahí aparece esa incomodidad difícil de nombrar.
No es tristeza.
No es angustia en el sentido más directo.
Es otra cosa.
Es la percepción de estar habitado por demasiadas versiones,
por demasiadas memorias,
por demasiados fragmentos de una historia
que nunca se termina de cerrar del todo.
Y entonces entendés algo.
Que el problema no es lo que te falta.
Es todo lo que todavía está.
Todo lo que sigue teniendo peso,
aunque ya no tenga lugar.
Y vivir, en parte, es eso.
Aprender a convivir con lo que fuiste
sin que eso defina completamente lo que sos.
Sin que todo ese pasado acumulado
termine ocupando el espacio de lo que todavía puede ser.
No todo lo que quedó atrás se fue…
hay cosas que siguen viviendo en vos, aunque ya no las mires.
Si te gustó, probablemente también resuenes con:
Hay días en los que incluso la paz incomoda
No te estás mintiendo… te estás contando una versión más fácil
Te acostumbraste a algo que en realidad te estaba doliendo
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

A veces no pesa lo que falta…
pesa todo lo que todavía no se terminó de ir.