Hay días en los que incluso la paz incomoda

Hay días en los que no falta nada…
y sin embargo, algo no termina de estar en su lugar.


Hay días en los que la vida pesa de una forma difícil de explicar.

No por lo que ocurre,
no por lo que falta,
ni siquiera por lo que duele de manera evidente.

Pesa por otra cosa.

Por algo más difuso, más antiguo,
más ligado a esa acumulación silenciosa
que se va formando con el tiempo.

Como si todo lo vivido
no desapareciera,
sino que se quedara en algún lugar de uno,
ocupando espacio.

Porque la memoria no es solo recuerdo.

Es una forma de presencia.

Una manera en la que lo que fue
sigue siendo,
aunque ya no esté.

Se instala en los gestos,
en los pensamientos que vuelven sin ser llamados,
en esa sensación de estar habitado por escenas
que ya no tienen lugar afuera…
pero siguen teniendo peso adentro.

Y en días como este,
todo eso se siente.

No de golpe.

Sino como una densidad constante,
una especie de fondo que no se calla.

Donde incluso lo que debería traer calma…
incomoda.

Porque la paz, cuando no está del todo en su lugar,
no alivia.

Se vuelve extraña.

Como si faltara algo que la haga completa.
Como si no alcanzara.

Y entonces aparece esa sensación difícil de nombrar.

No es tristeza.
No es angustia clara.
No es vacío en el sentido más simple.

Es otra cosa.

Es la percepción de que, aun teniendo,
aun logrando,
aun estando donde en algún momento quisiste estar…

hay algo que no termina de encajar.

Como si la vida, en su forma más externa,
estuviera en orden…
pero por dentro hubiera piezas
que todavía no encontraron su lugar.

Y eso pesa.

Más que cualquier falta concreta.

Porque no se resuelve agregando.
Ni logrando más.
Ni entendiendo mejor.

Es un peso que viene de existir.

De haber sido.
De haber acumulado versiones, decisiones, caminos.

De ser, en algún punto,
todo lo que fuiste… al mismo tiempo.

Y en ese amontonamiento silencioso,
hay días en los que uno se siente fuera de eje.

No perdido.

No roto.

Pero sí… desacomodado.

Como si la propia vida
no terminara de asentarse del todo en uno.

Y tal vez no haya nada que corregir ahí.

Tal vez no sea un error.

Tal vez sea simplemente eso:

El peso de estar vivo.

El peso de recordar.
El peso de haber sentido.
El peso de seguir siendo,
aun cuando todo parece estar en su lugar.


Hay días en los que no falta nada…
y aun así, la vida pesa.


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Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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