Hay días en los que la vida pesa… aunque no falte nada

Hay días en los que no falta nada…
y aun así, la vida se siente más pesada.

Pido perdón de antemano por estos párrafos.
No por lo que dicen, sino por lo que dejan entrever.

Quizá no es la vida lo que pesa,
o al menos no en su forma más directa,
no en esa idea abstracta que uno intenta comprender cuando la mira desde lejos.

Tal vez lo que pesa
son las circunstancias cuando se vuelven ásperas,
cuando dejan de ser un marco y pasan a ser una presión constante.

Esos cambios que irrumpen sin aviso,
que no piden permiso,
que no negocian con lo que uno está preparado para sostener.

Cambios que no solo modifican lo que pasa afuera,
sino la forma en la que uno se organiza por dentro.

Porque hay movimientos que no desordenan el mundo…
te desordenan a vos.

Y entonces todo lo que venías construyendo,
aunque haya sido con esfuerzo, con tiempo, con dedicación,
empieza a tambalear de una manera que no termina de entenderse.

El esfuerzo cotidiano,
esa insistencia casi silenciosa de hacer las cosas bien,
de sostener lo que importa,
de cuidar lo que uno valora…

parece, por momentos, diluirse.

Como si no alcanzara.

Como si hubiera una distancia imposible de acortar
entre lo que das y lo que recibís de la realidad.

Y entonces llega ese golpe.

No siempre violento,
no siempre evidente.

A veces es apenas un desplazamiento mínimo,
una grieta imperceptible al principio
que, sin embargo, termina llevándose todo lo que sostenías.

Y ahí aparece la pregunta.

No como una curiosidad,
sino como una incomodidad persistente:

¿qué estoy haciendo?

No en términos prácticos.
No en lo inmediato.

Sino en algo más profundo.

En ese lugar donde uno intenta encontrar sentido
a lo que vive.

Porque no parece lógico.

No parece proporcional.

No parece justo.

Y no es que uno se sienta castigado en un sentido literal,
ni que haya una culpa clara que explique lo que pasa.

Es más confuso que eso.

Más difuso.

Es la sensación de estar intentando,
de estar alineándose,
de estar volviendo al centro cada vez que se desarma…

y aun así, sentir que algo no termina de acomodarse.

Como si hubiera un desfase.

Como si cada intento de reconstrucción
trajera consigo una nueva forma de inestabilidad.

Avanzás.

Te ordenás.

Te recomponés.

Y sin embargo, algo retrocede.

No de manera evidente,
no como un fracaso claro…

pero sí como una pérdida de terreno que no se explica del todo.

Y en ese vaivén,
en ese movimiento constante entre avanzar y retroceder,
empieza a instalarse otra forma de cansancio.

Una más profunda.

Más existencial.

Porque no es solo el cuerpo el que se agota.

Es la mente.

Son esos pensamientos que no se ordenan,
que no llegan a ninguna conclusión,
que se repiten, se superponen, se contradicen.

Como si buscaran algo…
pero sin saber exactamente qué.

Y en esa búsqueda sin dirección,
terminan desgastando.

No porque digan algo nuevo,
sino porque no se detienen.

Porque insisten.

Porque ocupan espacio.

Y en ese espacio saturado,
incluso la calma se vuelve incómoda.

Incluso la pausa inquieta.

Como si hubiera algo que no termina de encajar
aunque todo, en apariencia, esté en su lugar.

Y entonces entendés, o empezás a intuir,
que tal vez no se trata de hacer mejor las cosas.

Ni de encontrar una fórmula más precisa.

Tal vez se trata de otra cosa.

De aceptar que hay momentos en los que la vida no se deja comprender del todo.

Momentos en los que no hay una línea clara,
ni un orden evidente,
ni una respuesta que calme.

Solo un transitar.

Una forma de estar en lo que pasa,
aunque no cierre,
aunque no encaje,
aunque no tenga todavía un sentido.

Y eso también pesa.

No por debilidad.

Sino por lucidez.

Porque ver, a veces,
cansa más que no entender.


No siempre pesa lo que vivís…
a veces pesa todo lo que no podés acomodar.


Hay formas de cansancio que no vienen de lo que hacés…
vienen de todo lo que estás sosteniendo en silencio.


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Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

2 comentarios sobre “Hay días en los que la vida pesa… aunque no falte nada

  1. «Porque hay movimientos que no desordenan el mundo…
    te desordenan a vos.»
    and
    No siempre pesa lo que vivís…
    a veces pesa todo lo que no podés acomodar.

    Well expressed, Thank you, Love, nia

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