El amor de tu vida sos vos
El amor de tu vida…
sos vos.
Aunque a veces lo olvides,
aunque el ruido del mundo
intente distraerte con espejismos
y promesas que no se cumplen.
Así que anda,
despertate del letargo,
sacudí el polvo de tus miedos,
calzate la esperanza
y salí a caminar hacia vos.
Corre,
corré sin destino fijo,
que no hay mapa más sagrado
que el que dibujan tus pasos
cuando te elegís.
Sacá la sonrisa,
esa que guardás para cuando «todo mejore»,
y usala ahora,
aunque tiemble, aunque duela,
aunque al principio parezca prestada.
Dejá de llorar por quien no supo quedarse,
por quien no supo ver el universo
que sos en silencio.
Llevate a pasear,
a donde nadie más pueda alcanzarte,
a donde las luces no distraigan
y el tiempo no corra.
Invitate a soñar despierto,
a construir castillos en tu mente
y a derribar las murallas del “no puedo”.
Date gustos sin culpa,
llená tu boca, tus ojos, tu alma
de todo aquello que siempre pospusiste.
Querete hasta explotar,
hasta que el amor por vos mismo
sea un incendio imposible de apagar.
Abrazate,
abrazate de todas las formas posibles:
con tus manos,
con tus pensamientos,
con tu ternura,
con tu historia.
Perdonate los errores,
agradecete las batallas,
honrate las cicatrices.
Porque al final del día,
cuando las luces se apagan
y el mundo calla,
queda ese susurro inquebrantable
que te recuerda una verdad eterna:
El amor de tu vida sos vos,
nadie más.
Siempre fuiste vos.
Siempre vas a ser vos.
