Sanar #2

Reflexión #2

Sanar las heridas no es fácil.
Nunca lo fue, ni lo será.

Hace falta coraje, voluntad y entendimiento.
Hace falta mirar de frente a las partes de uno mismo que asustan,
las que duelen,
las que preferimos esconder bajo la alfombra del olvido.

Por eso, sanar no es para todos.
Sanar es para los valientes.
Para los que, aún temblando, deciden bajar al sótano de su alma
y hurgar en lo más profundo,
para deshilachar con paciencia todas esas emociones estancadas,
esas memorias enquistadas
que, en silencio, nos han dictado la vida.

Sanar es un acto de empoderamiento.
Un acto rebelde, incluso.
Porque sanar es ir contra el instinto de huida,
contra la necesidad de disfrazar las grietas
con sonrisas vacías y rutinas apuradas.

Sanar es sentarse frente al dolor,
como quien se sienta frente a un viejo enemigo,
y decirle, con voz temblorosa pero firme:
«Ya no te tengo miedo.»

Porque cuando uno se anima a mirar dentro,
aún asustado por los fantasmas,
y se planta firme frente a los miedos,
frente a las sombras,
frente a la más absoluta oscuridad,
empieza a transformarse.

Se convierte en un ser invencible,
no porque ya no sienta dolor,
sino porque ha aprendido a no huir de él.

Sanar es dejar de anestesiarse.
Es llorar lo que nunca se lloró,
sentir lo que se evitó sentir,
abrazar lo que antes se rechazaba.

Sanar es rendirse…
no en el sentido de abandonar,
sino en el sentido más sabio de la palabra:
aceptar que hay cosas que no podemos cambiar,
pero que sí podemos liberar.

¿Estás intentando sanar?
Te felicito, te aplaudo y te abrazo fuerte.

Porque aunque la mayoría elija seguir dormida,
vos estás eligiendo despertar.
Aunque muchos prefieran callar,
vos estás eligiendo hablar con tu verdad.

Te deseo lo mejor en todos tus procesos.
Y te recuerdo, con el corazón en la mano,
que buscar una forma más sana de encontrarnos
con nosotros mismos y con los demás
es una cualidad rara,
una osadía luminosa
que podría, sin exagerar,
salvar al mundo entero
de su más profundo sufrimiento y malestar.

No te detengas.
Cada paso que das hacia adentro
es un acto de amor que dejará huella,
en vos, y en todos los que te rodean.

Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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