No estás triste… estás entendiendo algo que cambia todo

El problema no es lo que sentís… es lo que empezás a comprender...

Hay noches , como esta, en las que algo se acomoda adentro, pero no con suavidad, sino con una especie de crudeza silenciosa.
No es tristeza exactamente. Tampoco es angustia en su forma más reconocible.
Es otra cosa… más difícil de nombrar.

Es el instante en el que empezás a entender.

Y entender, a veces, no alivia.
Al contrario. Hay comprensiones que llegan como una revelación que no pediste, como una luz que no ilumina sino que expone.
Porque cuando ves con claridad, ya no podés volver a mentirte del todo.

Y ahí es donde algo se rompe.

No por fuera, donde todo sigue igual, donde la rutina todavía se sostiene, donde incluso podés sonreír sin levantar sospechas.
Sino por dentro.
En ese lugar íntimo donde ya no encajan las excusas, donde las historias que te contabas empiezan a sonar forzadas, casi ajenas.

Te das cuenta de que no estabas confundido.
Estabas evitando.

Evitando ver lo que dolía aceptar.
Evitando reconocer lo que implicaba cambiar.
Evitando asumir que algunas cosas no eran como querías… sino como eran.

Y eso pesa.

Porque aceptar no es un acto liviano.
Aceptar es, muchas veces, una forma de duelo.
Un duelo por lo que imaginaste, por lo que proyectaste, por esa versión de la realidad que te sostenía incluso cuando ya no era verdadera.

Pero hay algo inevitable en todo esto.

La conciencia, cuando despierta, no vuelve a dormirse del todo.

Podés distraerte, podés postergar, podés incluso intentar reconstruir las viejas ilusiones…
pero hay una parte de vos que ya vio.
Y lo que fue visto, de algún modo, ya no puede desverse.

Quizás por eso estas noches tienen algo tan particular.
No son tristes en el sentido común.
Son… reveladoras.

Y toda revelación tiene un costo.

El de dejar atrás lo que ya no se puede sostener.
El de aceptar que crecer no siempre se siente bien.
El de entender que no todo lo que se pierde es una pérdida… pero tampoco todo aprendizaje llega sin dolor.

Tal vez no estás mal.

Tal vez estás en ese punto incómodo donde la verdad empieza a abrirse paso.
Donde lo que antes confundía ahora empieza a ordenarse, aunque duela.

Y aunque todavía no sepas qué hacer con eso…

ya no sos el mismo que antes no lo veía.

Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)


Si pude poner en nombre algo de lo que sentís, quizá puedas sumergirte aún más en este universo:

👉 No es el mundo: es el momento en el que el filtro cambia

👉 A veces no es que no te importe… es que ya no podés sentir lo mismo

👉 Hay días en los que existir pesa más de lo habitual

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