Hay algo de estar vivo que no se explica… se atraviesa.
Hay una zona de la vida que no figura en ningún mapa.
No está en los relatos que te contaron,
ni en las promesas ordenadas de cómo iban a ser las cosas,
ni en las versiones más tranquilizadoras de la existencia que alguna vez necesitaste creer.
Es otra dimensión.
Más sutil.
Más incierta.
Más difícil de habitar sin que algo en vos se resquebraje.
Es ese instante, difuso, casi imperceptible,
en el que todo permanece aparentemente igual…
pero la forma en la que lo sentís se desplaza.
Como si la realidad no hubiera cambiado,
pero tu manera de estar en ella ya no pudiera ser la misma.
Y ahí comienza algo.
No un quiebre abrupto,
no una crisis evidente,
sino un desplazamiento interno que no tiene nombre inmediato.
Una fisura leve, pero persistente.
Lo cotidiano pierde espesor.
Las palabras se vuelven insuficientes.
Los vínculos, incluso los más cercanos, adquieren una distancia que no se explica… pero se percibe.
Y entonces aparece esa sensación.
No exactamente tristeza.
No exactamente vacío.
Sino algo más complejo, más ambiguo, más difícil de traducir.
Una conciencia que se expande…
pero no necesariamente consuela.
Porque ver con mayor claridad no siempre alivia.
A veces, lo que hace es desarmar.
Desarmar las certezas.
Desarmar las estructuras que sostenían tu forma de entenderte.
Desarmar incluso la ilusión de que había un lugar estable donde quedarse.
Y en ese punto, entre lo que ya no sos y lo que todavía no podés nombrar,
aparece esa parte de la vida que nadie te enseñó a sostener.
Esa en la que no hay respuestas inmediatas.
En la que no hay instrucciones claras.
En la que avanzar implica, muchas veces, tolerar la intemperie de no saber.
Porque ya no alcanza con repetir lo conocido.
Porque ya no podés volver a creer del todo en lo que antes te ordenaba.
Porque algo en vos, aunque no lo entiendas del todo, ya no lo permite.
Y eso pesa.
No como una carga concreta,
sino como una presencia constante.
Como un murmullo interno que no se apaga.
Como una lucidez que incomoda.
Como una conciencia que, una vez abierta, ya no puede cerrarse.
Y sin embargo…
también hay algo profundamente verdadero en eso.
Algo que, aunque no sea amable, es más honesto.
Más propio.
Más cercano a lo que sos cuando dejás de sostener lo que no te representa.
Hay una parte de estar vivo que no se entiende…
pero es la que más profundamente te transforma.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
Si esto te resonó, algo adentro tuyo ya hace ruido:
– «Te cansaste de entender todo… y nadie a vos»

Hay algo de estar vivo que no se explica… se atraviesa.
Bello questo articolo.
buona giornata Ramiro
Gracias! Un abrazo enorme hermano