
A veces creés que lo que sentís es vacío.
Pero no es ausencia… es algo que todavía no sabés nombrar.
A veces uno cree que lo que siente es vacío.
Una especie de ausencia difícil de explicar, como si algo faltara, como si hubiera un espacio interno que nada logra llenar del todo. Una incomodidad sutil, persistente, que no se deja atrapar por ninguna palabra precisa.
Pero quizás no sea vacío.
Quizás sea otra cosa.
Porque hay momentos en los que lo que se experimenta no es la falta, sino el exceso. Un cúmulo de sensaciones que todavía no encontraron forma, pensamientos que se superponen sin orden, emociones que aparecen sin un nombre claro al que aferrarse.
Y entonces, en lugar de comprender, uno reduce todo a una idea más simple, más tolerable: “no siento nada”.
Pero no es cierto.
Se siente demasiado.
Se siente de una manera que todavía no puede organizarse en un relato comprensible. Como si algo en el interior se estuviera reconfigurando lentamente, sin pedir permiso, sin dar explicaciones, desplazando certezas que hasta hace poco parecían firmes.
Y en ese movimiento silencioso, algo deja de encajar.
No es el mundo el que se volvió extraño.
Es la forma en la que uno lo habitaba la que empezó a cambiar.
Por eso aparece esa sensación ambigua, casi incómoda, de no reconocerse del todo. De estar en un lugar que es el mismo de siempre, pero ya no sentirse igual dentro de él.
No es tristeza en el sentido habitual.
No es angustia definida.
No es una emoción que pueda señalarse con claridad.
Es transición.
Ese territorio intermedio donde una versión de uno mismo ya no termina de sostenerse, pero la nueva todavía no termina de aparecer con nitidez.
Y en ese espacio, inestable, incierto, profundamente humano, todo se vuelve más difuso.
Porque cambiar no siempre se siente como crecimiento.
A veces se siente como pérdida.
Como desorientación.
Como una forma de vacío que, en realidad, no es tal.
Es, más bien, el proceso silencioso de convertirse en alguien que todavía no se reconoce del todo.
Y tal vez ahí resida la dificultad.
En querer entender demasiado rápido algo que todavía se está formando.
En exigir claridad donde todavía hay transformación.
Porque hay estados que no vienen a explicarse de inmediato.
Vienen a atravesarse.
Porque no todo lo que se siente como vacío es ausencia.
A veces es el eco de algo que está cambiando en silencio,
una forma nueva de estar en el mundo que todavía no sabés cómo habitar.
Y tal vez eso que hoy no entendés…
sea el inicio de algo que más adelante vas a poder nombrar.
No es vacío…
es una transformación que todavía no comprendés.
Ramiro M. Castro (Amor Entre Estrellas)
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Me gusta leerlos… saber qué parte de esto les habló.
Un abrazo íntimo desde mi pequeño rincón del mundo.

2 comentarios sobre “No es vacío: es todo lo que venís sintiendo y no supiste aun darle nombre”