No todo lo que sentís… es por lo que está pasando ahora

A veces no reaccionás al presente… reaccionás a tu historia.

No es este instante el que te atraviesa, sino la sombra acumulada de otros instantes que no terminaron de irse. Hay emociones que no nacen en el ahora: apenas se encienden en él, como brasas viejas que encuentran un soplo de aire.

Ocurre algo mínimo, una palabra, un gesto leve, una ausencia casi imperceptible, y, sin embargo, dentro tuyo se despliega una intensidad que no guarda proporción. Algo se crispa, se contrae, se defiende. Como si el mundo, de pronto, fuera un territorio hostil.

Y entonces reaccionás.

Te cerrás como quien protege un secreto antiguo.
Te alejás como quien ya conoce el desenlace.
Te endurecés como quien aprendió que sentir es peligroso.

Pero no es por eso.

No es por lo que dijeron.
No es por lo que hicieron.
No es por este instante breve y casi inocente.

Es por todo lo que ya estaba en vos, latente, agazapado, esperando apenas una grieta para hacerse oír.

Porque hay heridas que no sangran… pero organizan tu forma de mirar.
Hay recuerdos que no recordás… pero deciden por vos.
Hay versiones tuyas, más frágiles, más solas, más expuestas, que no desaparecieron: aprendieron a esconderse en los pliegues de tu silencio.

Y viven ahí.

A veces dormidas.
A veces quietas.
Pero nunca del todo ausentes.

Entonces llega el presente… y no es más que una llave.

Una llave que abre puertas que no sabías que seguían cerradas.
Que activa ecos antiguos en habitaciones que creías vacías.
Que te hace sentir, sin aviso, algo que no pertenece del todo a lo que está pasando.

Por eso hay situaciones que te desbordan.
Por eso hay palabras que te atraviesan más de lo que deberían.
Por eso hay personas que, sin saberlo, tocan lugares donde todavía duele.

Porque no estás sintiendo solo esto.

Estás sintiendo todo junto.

El pasado que no fue comprendido.
El dolor que no fue nombrado.
La emoción que no tuvo espacio para existir.

Y en ese entrecruzamiento silencioso… el presente pierde nitidez. Se vuelve apenas un escenario donde se repite, con otros rostros, la misma historia.

Por eso confundís.

Creés que el peligro está afuera,
cuando en realidad es una memoria la que se activa.
Creés que el otro te hiere,
cuando en verdad rozó algo que ya estaba herido.

Y así, sin darte cuenta, reaccionás a lo que fue… como si estuviera pasando ahora.

Hasta que un día lo ves.

Y entendés que no todo lo que sentís pertenece a este momento.
Que no todo lo que duele es actual.
Que no todo lo que te altera viene de afuera.

Y en ese instante, breve, pero decisivo, algo cambia.

Dejás de defenderte… y empezás a comprenderte.
Dejás de escapar… y empezás a mirarte.
Dejás de repetir… y, quizás, empezás a elegir.

Porque reconocerlo no borra la herida…
pero le quita el poder de decidir por vos.

A veces no reaccionás al presente,
reaccionás a tu historia.

Y verla, aunque duela, es el primer gesto de libertad.


Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)


Si esto te resonó, hay partes de vos que ya están empezando a hablar.
Escuchalas.

–  «No es que estés confundido… es que ya no podés sostener la mentira»

– «No ves a las personas… ves lo que llevás dentro»

 «No estás desmotivado… estás saturado de lo mismo»

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5 comentarios sobre “No todo lo que sentís… es por lo que está pasando ahora

  1. Hay emociones que no nacen en lo que pasa… sino en lo que todavía no cerró.

    A veces creemos que estamos reaccionando al presente, pero en realidad estamos respondiendo a ecos antiguos, a heridas que encontraron una nueva escena donde volver a sentirse.

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