No es que estés confundido.
Es que ya no podés creer en la historia que te venías contando.
Hay un momento, silencioso, casi imperceptible, en el que todo empieza a desmoronarse sin hacer ruido.
No es una crisis evidente.
No hay gritos, ni rupturas dramáticas, ni escenas memorables.
Es algo más íntimo.
Más incómodo.
Más difícil de nombrar.
Es la sensación de estar viviendo una vida que, aunque funciona, ya no te pertenece.
Y entonces aparece la confusión.
Pero no es confusión.
Es el derrumbe lento de una narrativa que repetiste tanto que terminó pareciéndote verdad.
Te dijiste que estabas bien.
Que era normal sentirse así.
Que todos viven un poco anestesiados.
Que no había otra forma.
Y sin embargo, algo en vos, una parte más honesta, más cruda, más despierta, empezó a incomodarse.
A resistirse.
A no creer más en ese relato ordenado que habías construido para no sentir.
Por eso ahora dudás de todo.
De tus decisiones, de tus vínculos, de tus ganas, de vos.
Pero no es debilidad.
Es lucidez.
Porque cuando la mentira deja de sostenerse, lo que aparece no es claridad inmediata…
es caos.
Un caos necesario.
Un desorden que no viene a destruirte, sino a mostrarte lo que ya no podés seguir siendo.
Y aunque duela admitirlo, hay algo que ya sabés:
no estás perdido.
Estás viendo.
Porque cuando la mentira deja de sostenerse, lo que aparece no es claridad…
es verdad.
Y la verdad, aunque desordene todo, siempre es el principio de algo más real.
Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)
Si esto te resonó, hay algo más que tenés que leer:
«No estás desmotivado… estás saturado de lo mismo«
«No ves a las personas… ves lo que llevás dentro«
«No todo lo que parece estabilidad… es paz«
(Te pueden estar mostrando más de lo que pensás)

No es que estés confundido.
Es que ya no podés creer en la historia que te venías contando.