No es duda… es miedo a lo que implica decidir

A veces no te falta claridad. Te falta aceptar que ya sabés lo que tendrías que hacer.

No es duda.

Es algo más incómodo que eso.


La duda, cuando es real, tiene algo de honesto.
Es una especie de vacío, de incertidumbre genuina,
una falta de forma que todavía no encuentra su respuesta.

Pero lo que te pasa no es eso.

Porque en el fondo, aunque no siempre lo admitas,
hay una dirección que ya viste.
Una posibilidad que ya entendiste.
Una decisión que, en silencio,
empezó a tomar forma dentro tuyo.

Y eso incomoda.

No porque no sepas,
sino porque sabés.

Porque ese saber no llega solo.
Arrastra consecuencias.
Exige movimientos.
Rompe equilibrios que, aunque frágiles,
te permitían seguir como estabas.

Aceptar lo que ya entendiste
no es simplemente pensar distinto.

Es actuar distinto.

Y actuar distinto implica perder algo:
una expectativa,
una historia,
una versión de vos
que ya no encaja con lo que hoy sos.

Por eso aparece la duda.

Pero no como falta de respuestas,
sino como una forma sutil de resistencia.

Una pausa que se alarga.
Un pensamiento que gira sobre sí mismo.
Una necesidad constante de “analizar un poco más”,
como si en ese análisis pudiera aparecer
una alternativa que no implique tanto costo.

Pero no aparece.

Porque no la hay.

Y lo sabés.

Lo que te detiene no es la confusión.
Es el miedo a lo que viene después de dejar de dudar.

El momento en el que ya no podés quedarte en el medio.
En el que tenés que elegir
y sostener lo que esa elección trae consigo.

Y hay algo profundamente humano en ese retraso.

En esa forma de estirar el instante previo a la decisión,
como si el tiempo pudiera darte otra salida,
como si, esperando un poco más,
la realidad cambiara lo suficiente
como para no tener que cambiar vos.

Pero no cambia.

Lo que cambia, tarde o temprano,
es tu tolerancia a seguir en ese lugar.

Porque llega un punto
en el que sostener la duda
cansa más que decidir.

Y en ese punto,
la pregunta deja de ser qué deberías hacer…

y se convierte en cuánto tiempo más
vas a seguir evitando hacerte cargo
de lo que ya sabés.


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Y tal vez la duda nunca fue el problema…

sino la excusa perfecta
para no enfrentar lo que implica dejar de tenerla.


Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)

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