No es que estés mal… es que estás sintiendo demasiado la vida

Hay momentos en los que algo en vos se vuelve más nítido.

No más claro.
No más ordenado.
Más… inevitable.

Como si de repente dejaras de habitar la vida con la liviandad de antes
y empezaras a percibir su peso en cada detalle.

Las conversaciones ya no son solo palabras.
Los vínculos ya no son solo compañía.
Los silencios ya no son solo ausencia.

Todo empieza a tener un fondo.

Y ese fondo no siempre es cómodo.

Entonces pensás que algo no está bien.
Que te estás complicando.
Que estás sintiendo más de lo necesario.

Pero no.

No siempre es un desajuste.

A veces es un corrimiento.

Una forma distinta de mirar lo mismo…
pero sin la protección de la superficialidad.

Y ahí aparece lo que antes no se veía.

Las grietas en lo que parecía firme.
La distancia en lo que parecía cercano.
El vacío en lo que parecía suficiente.

No porque haya cambiado de golpe…
sino porque empezaste a percibirlo.

Y percibir más… también pesa.

Pesa entender sin poder volver atrás.
Pesa registrar lo que antes pasaba desapercibido.
Pesa no poder engañarte con la misma facilidad.

Pero también hay algo ahí.

Algo menos evidente.

Una forma de estar más cerca de lo real.
Aunque no sea cómodo.
Aunque no sea simple.

Porque quizá, esa sensibilidad que tanto intentas negar, sea lo que te convierte aún más en humano.

No es que estés mal…
es que ya no podés mirar la vida sin sentirla, y eso, también te destaca.

Ramiro M. Castro (AmorEntreEstrellas)


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